Un día como hoy Boca Jrs conquistó su primera Copa Intercontinental
Un día como hoy Boca Jrs conquistó su primera Copa Intercontinental. De la Bombonera a la cima del mundo: la noche en que Boca hizo historia en Alemania
Boca Juniors salió al campo en Alemania sabiendo que tenía delante una oportunidad que podía marcar para siempre la historia del club. Noventa minutos después, ya no era solamente el campeón de América. También era el campeón del mundo.
El 1 de agosto de 1978, el conjunto dirigido por Juan Carlos Lorenzo derrotó 3-0 al Borussia Mönchengladbach en el Wildparkstadion de Karlsruhe y conquistó la primera Copa Intercontinental de su historia.
No fue una victoria ajustada ni una consagración sostenida únicamente desde la resistencia. Boca se impuso con autoridad, golpeó desde el comienzo y resolvió la final con tres goles en los primeros 35 minutos.
Una actuación que transformó una noche europea en uno de los capítulos fundamentales de la identidad xeneize.
Una final que debió esperar
La copa correspondía oficialmente a la edición de 1977. Boca había obtenido el derecho a disputarla después de conquistar por primera vez la Copa Libertadores, superando a Cruzeiro en una definición que terminó bajo la niebla del Estadio Centenario de Montevideo.
El rival original debía ser Liverpool, campeón de la Copa de Europa. El conjunto inglés, sin embargo, decidió no participar por dificultades de calendario. Su lugar fue ocupado por el Borussia Mönchengladbach, subcampeón europeo y uno de los equipos más poderosos del fútbol alemán de aquella época.
La serie comenzó el 21 de marzo de 1978 en la Bombonera. Boca y Borussia empataron 2-2, un resultado que dejó abierta la definición y aumentó las dudas alrededor del representante argentino.
Los alemanes habían demostrado capacidad ofensiva en Buenos Aires y tendrían la ventaja de resolver el título como locales. Boca, además, debía viajar hasta Europa para enfrentarse a un rival acostumbrado a competir contra los mejores equipos del continente.
El equipo de Juan Carlos Lorenzo encontró en ese contexto adverso una motivación.
Un gol a los dos minutos
Boca no llegó a Karlsruhe para esperar.
Apenas habían transcurrido dos minutos cuando Darío Felman recibió la pelota, atacó el espacio y definió para marcar el 1-0. El gol cambió inmediatamente el escenario de la final: el equipo argentino tomó el control emocional del partido y obligó al Borussia a jugar bajo presión.
El conjunto de Lorenzo mantuvo el orden defensivo, pero no se replegó alrededor de Hugo Gatti. Boca presionó, disputó cada pelota y siguió atacando cuando encontraba espacios.
A los 33 minutos, Ernesto Mastrángelo amplió la diferencia. Dos minutos después, Carlos Salinas convirtió el tercero.
En apenas 35 minutos, Boca había construido una ventaja que parecía impensada antes del encuentro. El Borussia Mönchengladbach, acostumbrado a imponer condiciones en Alemania, quedó desconcertado frente a un rival que combinaba disciplina táctica, intensidad y contundencia.
El 3-0 ya no se modificaría.
El equipo del Toto Lorenzo
Aquella consagración tuvo el sello de Juan Carlos Lorenzo. El entrenador había llegado a Boca en 1976 y había formado un conjunto experimentado, competitivo y preparado para disputar partidos límite.
Hugo Gatti aportaba personalidad desde el arco. Rubén Suñé ordenaba al equipo desde el mediocampo. Mario Zanabria ofrecía pausa y claridad. Mastrángelo, Felman y Salinas representaban la capacidad para transformar cada oportunidad en peligro.
No era un equipo construido para agradar desde la posesión permanente. Era un equipo que comprendía los momentos de los partidos. Sabía cuándo presionar, cuándo retroceder, cuándo cortar el ritmo y cuándo atacar sin contemplaciones.
En Karlsruhe mostró todas esas cualidades en su máxima expresión.
El gol inicial no llevó a Boca a defender la ventaja. Por el contrario, lo empujó a buscar el segundo. Cuando llegó el 2-0, tampoco levantó el pie. Dos minutos después apareció Salinas para sentenciar la final.
Aquella determinación fue una de las claves de la hazaña.
El nacimiento de una identidad internacional
La victoria significó el primer título mundial de Boca y confirmó internacionalmente el proceso que había comenzado con la Libertadores de 1977.
Hasta entonces, la institución era uno de los grandes protagonistas del fútbol argentino. Desde aquella noche también comenzó a construir una relación particular con las competencias internacionales: series difíciles, escenarios adversos, rivales poderosos y una capacidad especial para responder cuando el margen de error desaparecía.
Boca volvería a conquistar la Copa Intercontinental en 2000, frente al Real Madrid, y en 2003, contra el Milan. Pero antes de las noches de Tokio y Yokohama estuvo Karlsruhe.
Antes de Carlos Bianchi, Juan Román Riquelme, Martín Palermo o Carlos Tevez, estuvieron Gatti, Suñé, Zanabria, Mastrángelo, Salinas y Felman, dirigidos por el Toto Lorenzo.
Ellos fueron los primeros.
La noche en que Boca conquistó el mundo
Cuando terminó el partido, los futbolistas de Boca levantaron la copa lejos de la Bombonera y frente a un público que había llegado esperando una consagración alemana.
El marcador decía Borussia Mönchengladbach 0, Boca Juniors 3. Pero la verdadera dimensión de aquella victoria no podía explicarse únicamente mediante el resultado.
Boca había viajado a Europa después de empatar como local, había enfrentado a una potencia alemana y había resuelto la final con una actuación contundente. No necesitó especular, recurrir a una definición agónica ni esperar un milagro.
Fue a buscar la copa y la encontró.
El 1 de agosto de 1978, Boca Juniors no solo ganó un partido internacional. Alcanzó por primera vez la cima del fútbol mundial y comenzó a escribir una historia copera que atravesaría generaciones.
Un día como hoy Boca Jrs conquistó su primera Copa Intercontinental

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